La Zona (o Nosotros los ricos y Ustedes los pobres).

Ganadora del premio a mejor opera prima en el último Festival de cine de Venecia, así como también ganadora al premio impreso de crítica de Toronto en el 2007, La Zona aborda una problemática muy fresca en nuestro país y otra que siempre ha estado presente en el desarrollo de la identidad de las colectividades y que podemos ejemplificar con el muro fronterizo al norte de nuestro país o bien con las cercas que dividen el territorio “civilizado”, de las comunidades aborígenes (que tan ensalzadas son en las olimpiadas, Katy Freeman) en Australia. La una es la polarización social debido no sólo a factores económicos, sino que tiene que ver más con la segunda, es decir, con la identificación del individuo con una colectividad que persigue determinados fines y con ciertos medios.


La Zona nos presenta un nosotros frente a un ustedes. La negación del ustedes (ni te veo ni te oigo) es plenamente retratada por el hecho de aislamiento del mundo por parte de los colonos de dicha zona. La escuela, el super, no se, tal vez hasta el trabajo, está dentro de la Zona. No es necesaria una relación con aquello que no es nosotros. Lo idéntico, lo uno, está más que pleno en un lugar donde nosotros mismos nos brindamos nuestra seguridad.

El punto de distinción dentro de La Zona, entre el nosotros y el ustedes, es el nivel económico y su dependiente carácter ideológico. Los colonos se saben distintos de lo exterior. Ellos han construido una identidad en la cual el factor pobreza, esfuerzo físico (trabajo), no les es compatible. Más bien, la constitución de este nosotros descansa en la estabilidad económica, la armonía prediseñada, el buen gusto prefabricado. Sin embargo, en el filme, el punto de cohesión entre los colonos es la seguridad. Pero no una seguridad que el Estado provee, porque incluso el Estado no comparte los fines deseados porque por el lado de la seguridad, le ha fallado no pocas veces al nosotros frente al ustedes (los derechos humanos del violador o asesino, la corrupción, etc.).

El poder del Estado, encarnado en la policía, que es el árbitro mediador para el nosotros y el ustedes, es excluido también. De hecho, la policía y hasta los políticos (el delegado o bien el mentado diputado Cevallos) son parte del ustedes. Como se puede ver el conjunto residencial La Zona es acotamiento, delimitación de lo que es, excluyendo lo que no es ni debe ser dentro del nosotros.

Vemos que en las relaciones sociales inmediatas, o mejor dicho, en los encuentros, ésta manera de comunicación que nos meten en comerciales, discursos presidenciales, etcétera, es irreal: el diálogo sólo se da al interior de las comunidades y éstas no son las comunidades internacionales, ni las alianzas Estatales ni los países ni las identidades regionales. Las comunidades son quimeras cuando descansan en algo igual de quimérico como el status económico, o bien en un dote cuasi divino de virtudes misioneras (que en realidad son autocreadas)… ¿civilización? ¿cultura? ¿orden? ¿igualdad? ¿democracia? ¿buen gusto? ¿modales? ¿capacidad competitiva? El linchamiento del “asesino” dentro de La Zona, cataliza sólo por unos momentos el odio sostenido en el miedo y la incomprensión de lo otro-que-no-soy-yo. El terror por la aquello diferente se radicaliza y se concretiza incluso en el vecino. El diálogo pasa de herramienta concreta de comunicación a elemento abstracto indescifrable que complejiza las relaciones, incluso, de padre a hijo o de marido a mujer.

Desgraciadamente en la función delas 20 hrs, el director (Rodrigo Plá, uruguayo radicado en México desde hace 25 años) sólo presentó la película. No pudo quedarse, a diferencia de la función de las 18 hrs, al final para sostener un debate. Una de las preguntas que me hubiese gustado formular es la de la intención de la película. ¿La Zona pretende dar un mensaje? ¿Cuál? La historia de los personajes cae en los clichés (el individuo de clase baja que es inocente e incluso obligado a robar por presiones sociales o bien por inocencia y el rico que que tilda de naco al que no es de su condición) y en algunas partes es demasiado predecible. El arquetípico pleito entre nosotros los ricos y ustedes los pobres no desata una suerte de Aufheben sino que, muy someramente, se queda en una mera complicación de las relaciones sociales en donde, como se ha mencionado ya, el punto cohesionador de los unos es su seguridad (paranoia) mientras que el de los otros queda volando en la película al grado de que su justificación, es como mero elemento narrativo.

De cualquier manera, a pesar de lo que se pueda escribir sobre el tema que aborda la película, en pantalla vemos una actuación buena a secas de un actor ya consagrado como Daniel Jiménez Cacho, o bien una Maribel Verdú que, aunque con un papel pequeño, logra explotar su posición dentro de la historia. Otro punto que llama mi atención es que La Zona forma parte de una lista de películas que abordan el tema de las contradicciones de la sociedad y la violencia en que deriva de una manera un tanto más realista (Los ladrones viejos, Cobrador, El violín, Los educadores, Los lunes al sol). No alcanzo a percibir el resultado de èsto, pero dadas las circunstancias creo que sólo servirá para crear generaciones de público y ciudadanos cada vez más tolerantes a la violencia y la desigualdad social.

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