Cobrador


Cuando el discurso del fin de la historia, nos condena a un inmovilismo esclerótico, cuando las tendencias artísticas nos dicen que debemos ser sujetos de la hiperestimulación-trascendental-newage, cuando padecemos un proyecto civilizatorio que se ostenta como único propietario de la violencia, cuando desde el pensamiento logocéntrico no encontramos una respuesta; viene Cobrador de Paul Leduc, como la luz que se filtra por un viejo muro, a punto de caer. Violencia. La violencia que empieza como una reacción sicológica a un hartazgo, (ya sea la violencia de una mujer que se resiste a ser violada, o de una oficinista que sale furioso con ganas de golpear a su subordinante). Violencia irracional, sin sentido, que se encuentra a mitad de una calle de Nueva York. o Sao Paulo ¿Qué relación hay entre la caída de las torres gemelas y estos ejemplos cotidianos, que casi pasan por triviales? Su relación empírica, está en que la violencia es una forma de la acción en su realización dialéctica, que toma un cuerpo, un espacio , e incluso un símbolo. La violencia individual y la violencia social, son una forma de manifestación libre de ideologías en donde la historia se ve como un proyecto en tensión. Ya sea en forma de ska, de guerrilla o de agresión individual, la violencia es un ente que se encuentra ahí, como prueba de las contradicciones humanas, y de su energía de renovación. Lo que no podemos aceptar es que la violencia sea vista sólo como uno de los múltiples aspectos de la realidad diversa y convulsa. No, la violencia moldea y define.

Al iniciar la película, el espectador es desnudado con una violencia que se entrega cruda, sin héroe u objetivo. Interpreto estas primeras escenas como una vacuna para un público, acostumbrado a ciertos cánones y convencionalismos. Los medios de comunicación masivos, pero sobre todo el cine nos ha acostumbrado a ver la destrucción masiva de ciudades , o la fiera campaña entre humanos y criaturas mitológicas. En este cine convencional la agresión y la matanza se vuelven aceptables y hasta deseables, nos convierte en sádicos de la imagen ficcional. La repulsión que provoca Cobrador, está asentada, en una ficción que refiere a una realidad demasiado próxima como para no identificarla.

Mientras son rastreados por las cámaras de seguridad ya sea de un banco o de un cajero electrónico y desde esta posición se intuye un personaje que no se ve pero se siente, que no tiene rostro.

El (del que solo sabemos que es fugitivo) y ella (periodista argentina que no sabe quienes son sus padres) se encuentran a través del lente de una cámara, la de ella, mientras son rastreados por las cámaras de seguridad ya sea de un banco o de un cajero electrónico, y desde esta posición intuimos un personaje que no se ve pero se siente, que no tiene rostro. Los protagonistas encarnan una relación que estará sustentada por la complicidad, la furia y el deseo de cuerpos que se valen de la libertad creada por ellos mismos para encontrar el instrumento de su equivalencia. La unidad, se convierte en causa mediante un acto de amor, y se hará manifiesta, cuando se encuentren con la sociedad entera.

Esto es cobrador. Una presentación del mundo, a través de mosaicos de ciudades, la hipocresía de un magnate obsesionado tanto con el tiempo como con atropellar personas, la explotación en una mina, y una pregunta ¿quien esta poniendo dinamita en la cabeza del mundo?

No obstante, no hay un solo discurso, una sola expresión ideologizada, porque Cobrador, antes bien, es poesía.

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