Por muchos años Woody Allen nos ha tenido acostumbrados a un tipo de cine. Nos ha mostrado su obra y también nos ha enseñado cómo recibirla, asimilarla y digerirla. Hasta ahora su filmografía se ha visto dentro del círculo de la comedia de enredos; todas sus historias son de desposesión, con personajes neuróticos, solitarios, seres humanos movidos por el vicio. Historias donde uno de los mayores castigos es el escarnio social; historias, algunas de ellas que rayan también en la farsa.
Si bien el cineasta neoyorkino no nos ha mostrado sus mejores creaciones durante la última década -en los cuales aparentemente se ha estado repitiendo y volviendo complaciente-, ha acertado con un par de sus más recientes filmes; el primero: Match Point (2005), mejor conocida en México como La Provocación.
La película es una verdadera rareza en la obra de Woody Allen. A pesar de ya habernos mostrado que no sólo puede hacer comedia como en Interiors (1978), September (1987) o Another Woman (1988), la diferencia entre toda su filmografía y Match Poitn, es que este realizador nos ha dado comedia y melodrama, pero nunca una tragedia. Es en esta categoría en la cual se inscribe el filme, género con el que el director juega en esta ocasión, para contarnos un tipo de historia a la que ya nos tiene acostumbrados, sin embargo esta vez mostrando "todo lo que de trágico tiene la vida".
Lo que en la antigua Grecia era representado por los dioses y para Shakespeare eran los grandes Señores feudales, para Allen son la suerte y la vida cotidiana. Woody Allen toma este par de elementos y los inserta en su tragedia para narrar la historia; dos características esenciales que trabajan en la forma del destino y del juez respectivamente. Por un lado está la idea acerca de la suerte, que al igual que el destino, no está entendida como lo que nos está preparado como un final, sino como la parte que cada uno carga consigo, lo que traemos ya de inicio y que va a configurar (más no a determinar) nuestro camino. Por otro lado la parte que en toda tragedia contemporánea toma la vida cotidiana: la de juez y verdugo; parte que ejecutará el castigo, que obligará en este caso a Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyers) a cumplir su destino.
Es entonces este destino, la suerte; es la pequeña acción que nos va a abrir un cúmulo de posibilidades, a la que la vida está atada lo queramos o no, como lo vemos en el filme. Para el protagonista nada de lo que sucede le es necesario, nada estaba pensado como algo determinado y fijo, ni siquiera las vidas de los demás. Tanto así que es un incidente mínimo el que provoca toda la tragedia, una pequeña y simple pregunta: “¿hay un lugar dónde comprar buenos discos por aquí?”... Después de esto, viene el boom.
Es un pequeño fragmento en la vida de Chris que lo dirigirá a rumbos inesperados, que lo llevará de ser un modesto instructor de tenis a un criminal inteligente y calculador. Y es que toda la película gira en torno a estos giros de tuerca muy bien utilizados, que dan a toda la película un ambiente extremadamente pasivo pero igualmente tenso; momentos en los que estos personajes que tienen todo lo pierden todo.
Los personajes de Allen son seres que se mueven por el deseo, por sus pasiones y por sus carencias; seres que a lo largo de la historia irán cambiando, creciendo, decidiendo hasta dónde llegarán: nunca son hombres pasivos, siempre tienen la facultad de escoger su final. Y son estas elecciones que hacen tanto Chris como Nola (Scarlett Johansson), las que los llevan a cumplir con su destino, ambos tendrán que hacer lo que “los dioses” le han dispuesto.
Película en la que se encuentra presente, como un protagonista más, la Ópera, -los grandes temas e historias que muestra este arte son los mismo de los que trata la película, nos dice Allen. Con obvias referencias a Dostoievsky, una estructura ágil, buen ritmo y un argumento interesante, Match Point se vuelve una pieza clásica de Woody Allen. Cineasta fecundo del que habrá que revisarse sus posteriores Scoop (2006) y Cassandra's Dream (2007) de la que hablaremos más adelante. Así como sus más recientes Vicky Crsitina Barcelona (2008) y Whatever Works (2009), esperando que este director, actor y guionista venga a hacer nuevamente disecciones al ser humano contemporáneo, al hombre americano, al tipo neoyorkino. Es decir, a sí mismo.
1 Comentarios de lectores:
Gracias por escribir. se reconoce que haya cosas nuevas en la página. Esperré lo nuevo sobre Allen.
Tal vez me hubiera gustao que fueras más allá y que hablaras de por que la tragedia puede ser un género cointemporáneo, en todo caso, de que forma (bajo que estructuras formales) puede serlo
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