CHÉ

2009 comenzó con el 50 aniversario de la revolución cubana, un marco inmejorable para el estreno de Ché, díptico del realizador norteamericano Steven Soderbergh. La cinta resulta desafiante por al menos dos razones: el ser una coproducción entre Estados Unidos, (que como es sabido ha mantenido una política de bloqueo económico hacia la isla desde hace décadas) Francia y España; y por montar una historia de más de cuatro horas, aunque la exhibición comercial, al menos en México, presentará el film divido.
Aunque hay argumentos que podrían hacernos pensar que en realidad sí se trata de dos películas distintas, pues se contraponen en tono, ritmo e incluso estilo.

El Argentino relata el encuentro del Ché (Benicio del Toro) con Fidel Castro (Demián Bichir) en un departamento de la Ciudad de México y su posterior aventura épica en su avance de oriente a poniente por Cuba. Al mismo tiempo, se contrapuntea con una visión de reconstrucción documentalista de algunos momentos en la vida pública del Ché Guevara, en su etapa como ministro de economía del gobierno de la revolución, en concreto, su discurso de 1964 en la ONU.
La segunda parte, muestra los acontecimientos de su campaña por Bolivia, y está basada en los textos de su propio diario. En esta película (de la mano de la historia) se va sumergiendo en una marcha que pareciera por momentos expiatoria. El Ché y los guerrilleros cubanos y bolivianos que lo acompañan aparecen como extraviados, carentes de cualquier apoyo y a medida que transcurre la historia, abandonados.

En El Argentino el Ché Guevara va creciendo junto con la historia. Al principio es sólo uno de los hombres de Fidel y la historia no se centra tanto en él, sino que el personaje es mostrado como uno más de los levantados, quien asume sus tareas como médico de la tropa. Una voz en off acompaña algunas escenas, lo que permite que las acciones de campaña que se muestran sean diferenciadas de los discursos belicistas del cine hollywoodense. Soderberhg introduce una interpretación, una teoría a los hechos, en vez de caer en soluciones fáciles, como una musicalización romántica. Su apuesta es por el realismo, y la confrontación documental. No se puede acusar a la película de presentar una visión maniquea, ya que no hay un discurso unidireccional que pretenda avalar las decisiones de la revolución. La reconstrucción de los hechos históricos se complementa en el análisis dialéctico y dialógico que se manifiesta en la entrevista recreada para la película y que se intercala también al desarrollo lineal de las hazañas del grupo 26 de julio.

Guerrilla, en cambio, es mucho más simple, es la cuesta abajo del sujeto, quien no obstante, se vuelve un mártir de la patria grande de Bolívar. El complemento podría ser visto como la repetición del experimento en Cuba, en un contexto diferente. Hoy sabemos que en Cuba existe una revolución gobernante, y que en Bolivia el Ché fue asesinado con la colaboración del gobierno norteamericano; pero la película, en su lógica poiética tal vez pueda mostrar algo más, y es que la historia pudo haber sido distinta, que Bolivia pudo haber sido otra Cuba, o viceversa. Nada está escrito, y la pequeña acción de unos cuantos hombres en una zona remota de la selva pueden ser el comienzo de algo tan grande como el cambio de las historias nacionales.

Mucho más podría decirse de esta obra atrevida, y que por lo mismo recibirá críticas de fanáticos, puristas y escépticos, y algunas tendrán sin duda sustento, ya que esta obra doble no esta exenta de errores, como el de presentar una segunda parte monotemática y con diálogos que solo refieren a las interpretaciones históricas o anecdóticas de la campaña, pero que difícilmente nos conectan con la personalidad de los participantes incluyendo al propio Ché. El silencio, los sonidos de la selva, la bella iluminación y la cuidada fotografía aparecen como elementos sin cohesión. Finalmente, en las dos películas (¿que es una misma?), la interpretación de Benicio del Toro resulta dispareja. Por una parte, encarnando bien al personaje en las actitudes y las expresiones faciales, en cambio con un tono de voz siempre débil y plano que le resta fuerza a algunas escenas, y que hace que el personaje se diluya entre los otros. Muy distinto es el caso de Demián Bichir (aunque por algunos momentos un poquito exagerado) interpretando muy certeramente a su personaje, y emulando perfectamente posturas y el típico acento cubano.

En las salas de cine cubano la cinta se aplaudió de pie, y difícilmente se podían escuchar los diálogos cada vez que el Del Toro entraba en pantalla, pues el sonido era apagado por las ovaciones. Estos son quizá los principales valores de la cinta: ser en español, poder mostrar al héroe de nuestroamérica en una versión creíble de un personaje cuya mitologización sería asunto de infinitos artículos.

0 Comentarios de lectores: