El Gran Truco (The Prestige 2006), es superficialmente una cinta narrativa; nos cuenta la historia de dos magos amigos que se convierten en rivales y buscan por todos los medios ser mejor que el otro, tener el mejor acto y el mejor espectáculo del mundo. En fondo, me parece que es mucho más.
Son dos los personajes principales, dos hombres distintos uno de otro, con deseos, impulsos y voluntades distintas a las del otro; de la misma manera, el filme funciona a dos niveles.
El primero lo veo a manera de un ensayo visual. El director y co-guionista de la película, prepara su historia a partir de personajes peculiares, a los que les imprime ciertas condiciones en las que ellos deberán actuar y ante las que deberán reaccionar. La narración se da a través de diarios, es decir, de ocurrencias, emociones y pensamientos sobre lo que les rodea y quienes les rodean. Así, se da un juego de espejos, cuya intención es mostrar una suerte de idea del otro. Todo se juega en un plano de mirar al otro, juzgar al otro; siempre se está poniendo la importancia del cómo el otro vive, del cómo piensa, de la pregunta ¿quién o qué es este otro? Pero más importante aún: ¿cómo me mira el otro? La prescencia y la relación con la otredad es fundamental para entender el mundo y para entenderse a sí mismo; saber cómo se es visto desde fuera y cómo los demás lo entienden y asimilan es el juego básico de Christopher Nolan. Es un espectáculo de miradas entre diversos personajes (en este caso hombres de magia), que se retan, que de cierta forma también se admiran y se sienten aturdidos del cómo les aparece el otro y como lo ven los otros. Si viéramos esta cinta como parte de un todo, es decir, de la filmografía del realizador, la veríamos como una continuación de sus obras previas, que en mucho tratan del cómo se entiende el ser humano a si mismo como ente social, con defectos y “condiciones”; la cinta previa a El Gran Truco es Batman Begins (2005), y es ahí donde también juega al cómo se entiende el hombre y su psique, pero en ese caso es a sí mismo; Batman es un personaje desdoblado en el mismo cuerpo, siempre tratando de entenderse y de asimilarse con todo y sus demonios internos, siempre mira las rarezas y las virtudes de su cara alterna, pero esa cara está dentro de sí; Robert y Alfred (los magos rivales) son esas dos partes tratando de superarse una a la otra, de entender al otro, que en este caso está fuera de sí mismo y de esa manera, derrotarlo.
La segunda forma en que yo leo la película es la propuesta que el director hace. La cinta maneja una bella alegoría, el cine como magia. Esto no es nada nuevo, pero la tirada de Nolan es la siguiente. El mago es el realizador de cine, el que arma la puesta en escena, el que dirige la acción, el que planea cómo el espectador mirará la historia. El filme es el truco de magia que, en su forma más aristotélica, se compone de tres actos: la presentación, el giro, y el truco o final. En ambos, estas tres partes se desarrollan igual; la presentación es introducir al espectador en el mundo del mago/cineasta mostrándole un elemento común, atractivo y manejable; el giro es la problematización de la historia, es la parte donde ya se han presentado los elementos que se sacan de su cotidianidad y se vuelven sorprendentes, es el clímax de la historia; el final o gran truco es precisamente eso, es la forma de atar todos los cabos, es traer de nuevo al objeto que se hizo desaparecer e impactar al espectador, la última parte como desenlace y solución, tiene la función de restablecer el orden de la realidad a la que nos han insertado durante la película/truco y aún así impresionarnos con la acción en apariencia más simple pero más difícil de todas: la de dar respuesta.
El gran contra que veo en la película es que, Nolan como mago, hace una apología a ese mundo, a la magia y a sus consecuencias; ya que nos ha vendido perfectamente la admiración por ese arte, lo rompe rápidamente. Si realmente su intención era ese homenaje, el error está en que ningún mago, después de realizar su truco, impresionarnos y ganarse nuestra simpatía, muestra sus secretos. Ningún mago nos muestra cómo lo hizo; Nolan explica todo, paso por paso al final del filme. Ya antes nos ha presentado los elementos secretos del truco, pero el pero final es que nos dice cómo lo llevó a cabo. Aún así, es una cinta que mueve y que deleita, a final de cuentas la apuesta de Christopher Nolan es emotiva: el Cine es la magia misma.









