Magos y Cineastas



El Gran Truco (The Prestige 2006), es superficialmente una cinta narrativa; nos cuenta la historia de dos magos amigos que se convierten en rivales y buscan por todos los medios ser mejor que el otro, tener el mejor acto y el mejor espectáculo del mundo. En fondo, me parece que es mucho más.
Son dos los personajes principales, dos hombres distintos uno de otro, con deseos, impulsos y voluntades distintas a las del otro; de la misma manera, el filme funciona a dos niveles.
El primero lo veo a manera de un ensayo visual. El director y co-guionista de la película, prepara su historia a partir de personajes peculiares, a los que les imprime ciertas condiciones en las que ellos deberán actuar y ante las que deberán reaccionar. La narración se da a través de diarios, es decir, de ocurrencias, emociones y pensamientos sobre lo que les rodea y quienes les rodean. Así, se da un juego de espejos, cuya intención es mostrar una suerte de idea del otro. Todo se juega en un plano de mirar al otro, juzgar al otro; siempre se está poniendo la importancia del cómo el otro vive, del cómo piensa, de la pregunta ¿quién o qué es este otro? Pero más importante aún: ¿cómo me mira el otro? La prescencia y la relación con la otredad es fundamental para entender el mundo y para entenderse a sí mismo; saber cómo se es visto desde fuera y cómo los demás lo entienden y asimilan es el juego básico de Christopher Nolan. Es un espectáculo de miradas entre diversos personajes (en este caso hombres de magia), que se retan, que de cierta forma también se admiran y se sienten aturdidos del cómo les aparece el otro y como lo ven los otros. Si viéramos esta cinta como parte de un todo, es decir, de la filmografía del realizador, la veríamos como una continuación de sus obras previas, que en mucho tratan del cómo se entiende el ser humano a si mismo como ente social, con defectos y “condiciones”; la cinta previa a El Gran Truco es Batman Begins (2005), y es ahí donde también juega al cómo se entiende el hombre y su psique, pero en ese caso es a sí mismo; Batman es un personaje desdoblado en el mismo cuerpo, siempre tratando de entenderse y de asimilarse con todo y sus demonios internos, siempre mira las rarezas y las virtudes de su cara alterna, pero esa cara está dentro de sí; Robert y Alfred (los magos rivales) son esas dos partes tratando de superarse una a la otra, de entender al otro, que en este caso está fuera de sí mismo y de esa manera, derrotarlo.

La segunda forma en que yo leo la película es la propuesta que el director hace. La cinta maneja una bella alegoría, el cine como magia. Esto no es nada nuevo, pero la tirada de Nolan es la siguiente. El mago es el realizador de cine, el que arma la puesta en escena, el que dirige la acción, el que planea cómo el espectador mirará la historia. El filme es el truco de magia que, en su forma más aristotélica, se compone de tres actos: la presentación, el giro, y el truco o final. En ambos, estas tres partes se desarrollan igual; la presentación es introducir al espectador en el mundo del mago/cineasta mostrándole un elemento común, atractivo y manejable; el giro es la problematización de la historia, es la parte donde ya se han presentado los elementos que se sacan de su cotidianidad y se vuelven sorprendentes, es el clímax de la historia; el final o gran truco es precisamente eso, es la forma de atar todos los cabos, es traer de nuevo al objeto que se hizo desaparecer e impactar al espectador, la última parte como desenlace y solución, tiene la función de restablecer el orden de la realidad a la que nos han insertado durante la película/truco y aún así impresionarnos con la acción en apariencia más simple pero más difícil de todas: la de dar respuesta.
El gran contra que veo en la película es que, Nolan como mago, hace una apología a ese mundo, a la magia y a sus consecuencias; ya que nos ha vendido perfectamente la admiración por ese arte, lo rompe rápidamente. Si realmente su intención era ese homenaje, el error está en que ningún mago, después de realizar su truco, impresionarnos y ganarse nuestra simpatía, muestra sus secretos. Ningún mago nos muestra cómo lo hizo; Nolan explica todo, paso por paso al final del filme. Ya antes nos ha presentado los elementos secretos del truco, pero el pero final es que nos dice cómo lo llevó a cabo. Aún así, es una cinta que mueve y que deleita, a final de cuentas la apuesta de Christopher Nolan es emotiva: el Cine es la magia misma.

CHÉ

2009 comenzó con el 50 aniversario de la revolución cubana, un marco inmejorable para el estreno de Ché, díptico del realizador norteamericano Steven Soderbergh. La cinta resulta desafiante por al menos dos razones: el ser una coproducción entre Estados Unidos, (que como es sabido ha mantenido una política de bloqueo económico hacia la isla desde hace décadas) Francia y España; y por montar una historia de más de cuatro horas, aunque la exhibición comercial, al menos en México, presentará el film divido.
Aunque hay argumentos que podrían hacernos pensar que en realidad sí se trata de dos películas distintas, pues se contraponen en tono, ritmo e incluso estilo.

El Argentino relata el encuentro del Ché (Benicio del Toro) con Fidel Castro (Demián Bichir) en un departamento de la Ciudad de México y su posterior aventura épica en su avance de oriente a poniente por Cuba. Al mismo tiempo, se contrapuntea con una visión de reconstrucción documentalista de algunos momentos en la vida pública del Ché Guevara, en su etapa como ministro de economía del gobierno de la revolución, en concreto, su discurso de 1964 en la ONU.
La segunda parte, muestra los acontecimientos de su campaña por Bolivia, y está basada en los textos de su propio diario. En esta película (de la mano de la historia) se va sumergiendo en una marcha que pareciera por momentos expiatoria. El Ché y los guerrilleros cubanos y bolivianos que lo acompañan aparecen como extraviados, carentes de cualquier apoyo y a medida que transcurre la historia, abandonados.

En El Argentino el Ché Guevara va creciendo junto con la historia. Al principio es sólo uno de los hombres de Fidel y la historia no se centra tanto en él, sino que el personaje es mostrado como uno más de los levantados, quien asume sus tareas como médico de la tropa. Una voz en off acompaña algunas escenas, lo que permite que las acciones de campaña que se muestran sean diferenciadas de los discursos belicistas del cine hollywoodense. Soderberhg introduce una interpretación, una teoría a los hechos, en vez de caer en soluciones fáciles, como una musicalización romántica. Su apuesta es por el realismo, y la confrontación documental. No se puede acusar a la película de presentar una visión maniquea, ya que no hay un discurso unidireccional que pretenda avalar las decisiones de la revolución. La reconstrucción de los hechos históricos se complementa en el análisis dialéctico y dialógico que se manifiesta en la entrevista recreada para la película y que se intercala también al desarrollo lineal de las hazañas del grupo 26 de julio.

Guerrilla, en cambio, es mucho más simple, es la cuesta abajo del sujeto, quien no obstante, se vuelve un mártir de la patria grande de Bolívar. El complemento podría ser visto como la repetición del experimento en Cuba, en un contexto diferente. Hoy sabemos que en Cuba existe una revolución gobernante, y que en Bolivia el Ché fue asesinado con la colaboración del gobierno norteamericano; pero la película, en su lógica poiética tal vez pueda mostrar algo más, y es que la historia pudo haber sido distinta, que Bolivia pudo haber sido otra Cuba, o viceversa. Nada está escrito, y la pequeña acción de unos cuantos hombres en una zona remota de la selva pueden ser el comienzo de algo tan grande como el cambio de las historias nacionales.

Mucho más podría decirse de esta obra atrevida, y que por lo mismo recibirá críticas de fanáticos, puristas y escépticos, y algunas tendrán sin duda sustento, ya que esta obra doble no esta exenta de errores, como el de presentar una segunda parte monotemática y con diálogos que solo refieren a las interpretaciones históricas o anecdóticas de la campaña, pero que difícilmente nos conectan con la personalidad de los participantes incluyendo al propio Ché. El silencio, los sonidos de la selva, la bella iluminación y la cuidada fotografía aparecen como elementos sin cohesión. Finalmente, en las dos películas (¿que es una misma?), la interpretación de Benicio del Toro resulta dispareja. Por una parte, encarnando bien al personaje en las actitudes y las expresiones faciales, en cambio con un tono de voz siempre débil y plano que le resta fuerza a algunas escenas, y que hace que el personaje se diluya entre los otros. Muy distinto es el caso de Demián Bichir (aunque por algunos momentos un poquito exagerado) interpretando muy certeramente a su personaje, y emulando perfectamente posturas y el típico acento cubano.

En las salas de cine cubano la cinta se aplaudió de pie, y difícilmente se podían escuchar los diálogos cada vez que el Del Toro entraba en pantalla, pues el sonido era apagado por las ovaciones. Estos son quizá los principales valores de la cinta: ser en español, poder mostrar al héroe de nuestroamérica en una versión creíble de un personaje cuya mitologización sería asunto de infinitos artículos.

La Tragedia de Allen



Por muchos años Woody Allen nos ha tenido acostumbrados a un tipo de cine. Nos ha mostrado su obra y también nos ha enseñado cómo recibirla, asimilarla y digerirla. Hasta ahora su filmografía se ha visto dentro del círculo de la comedia de enredos; todas sus historias son de desposesión, con personajes neuróticos, solitarios, seres humanos movidos por el vicio. Historias donde uno de los mayores castigos es el escarnio social; historias, algunas de ellas que rayan también en la farsa.

Si bien el cineasta neoyorkino no nos ha mostrado sus mejores creaciones durante la última década -en los cuales aparentemente se ha estado repitiendo y volviendo complaciente-, ha acertado con un par de sus más recientes filmes; el primero: Match Point (2005), mejor conocida en México como La Provocación.



La película es una verdadera rareza en la obra de Woody Allen. A pesar de ya habernos mostrado que no sólo puede hacer comedia como en Interiors (1978), September (1987) o Another Woman (1988), la diferencia entre toda su filmografía y Match Poitn, es que este realizador nos ha dado comedia y melodrama, pero nunca una tragedia. Es en esta categoría en la cual se inscribe el filme, género con el que el director juega en esta ocasión, para contarnos un tipo de historia a la que ya nos tiene acostumbrados, sin embargo esta vez mostrando "todo lo que de trágico tiene la vida".









Lo que en la antigua Grecia era representado por los dioses y para Shakespeare eran los grandes Señores feudales, para Allen son la suerte y la vida cotidiana. Woody Allen toma este par de elementos y los inserta en su tragedia para narrar la historia; dos características esenciales que trabajan en la forma del destino y del juez respectivamente. Por un lado está la idea acerca de la suerte, que al igual que el destino, no está entendida como lo que nos está preparado como un final, sino como la parte que cada uno carga consigo, lo que traemos ya de inicio y que va a configurar (más no a determinar) nuestro camino. Por otro lado la parte que en toda tragedia contemporánea toma la vida cotidiana: la de juez y verdugo; parte que ejecutará el castigo, que obligará en este caso a Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyers) a cumplir su destino.

Es entonces este destino, la suerte; es la pequeña acción que nos va a abrir un cúmulo de posibilidades, a la que la vida está atada lo queramos o no, como lo vemos en el filme. Para el protagonista nada de lo que sucede le es necesario, nada estaba pensado como algo determinado y fijo, ni siquiera las vidas de los demás. Tanto así que es un incidente mínimo el que provoca toda la tragedia, una pequeña y simple pregunta: “¿hay un lugar dónde comprar buenos discos por aquí?”... Después de esto, viene el boom.

Es un pequeño fragmento en la vida de Chris que lo dirigirá a rumbos inesperados, que lo llevará de ser un modesto instructor de tenis a un criminal inteligente y calculador. Y es que toda la película gira en torno a estos giros de tuerca muy bien utilizados, que dan a toda la película un ambiente extremadamente pasivo pero igualmente tenso; momentos en los que estos personajes que tienen todo lo pierden todo.

Los personajes de Allen son seres que se mueven por el deseo, por sus pasiones y por sus carencias; seres que a lo largo de la historia irán cambiando, creciendo, decidiendo hasta dónde llegarán: nunca son hombres pasivos, siempre tienen la facultad de escoger su final. Y son estas elecciones que hacen tanto Chris como Nola (Scarlett Johansson), las que los llevan a cumplir con su destino, ambos tendrán que hacer lo que “los dioses” le han dispuesto.


Película en la que se encuentra presente, como un protagonista más, la Ópera, -los grandes temas e historias que muestra este arte son los mismo de los que trata la película, nos dice Allen. Con obvias referencias a Dostoievsky, una estructura ágil, buen ritmo y un argumento interesante, Match Point se vuelve una pieza clásica de Woody Allen. Cineasta fecundo del que habrá que revisarse sus posteriores Scoop (2006) y Cassandra's Dream (2007) de la que hablaremos más adelante. Así como sus más recientes Vicky Crsitina Barcelona (2008) y Whatever Works (2009), esperando que este director, actor y guionista venga a hacer nuevamente disecciones al ser humano contemporáneo, al hombre americano, al tipo neoyorkino. Es decir, a sí mismo.

Cobrador


Cuando el discurso del fin de la historia, nos condena a un inmovilismo esclerótico, cuando las tendencias artísticas nos dicen que debemos ser sujetos de la hiperestimulación-trascendental-newage, cuando padecemos un proyecto civilizatorio que se ostenta como único propietario de la violencia, cuando desde el pensamiento logocéntrico no encontramos una respuesta; viene Cobrador de Paul Leduc, como la luz que se filtra por un viejo muro, a punto de caer. Violencia. La violencia que empieza como una reacción sicológica a un hartazgo, (ya sea la violencia de una mujer que se resiste a ser violada, o de una oficinista que sale furioso con ganas de golpear a su subordinante). Violencia irracional, sin sentido, que se encuentra a mitad de una calle de Nueva York. o Sao Paulo ¿Qué relación hay entre la caída de las torres gemelas y estos ejemplos cotidianos, que casi pasan por triviales? Su relación empírica, está en que la violencia es una forma de la acción en su realización dialéctica, que toma un cuerpo, un espacio , e incluso un símbolo. La violencia individual y la violencia social, son una forma de manifestación libre de ideologías en donde la historia se ve como un proyecto en tensión. Ya sea en forma de ska, de guerrilla o de agresión individual, la violencia es un ente que se encuentra ahí, como prueba de las contradicciones humanas, y de su energía de renovación. Lo que no podemos aceptar es que la violencia sea vista sólo como uno de los múltiples aspectos de la realidad diversa y convulsa. No, la violencia moldea y define.

Al iniciar la película, el espectador es desnudado con una violencia que se entrega cruda, sin héroe u objetivo. Interpreto estas primeras escenas como una vacuna para un público, acostumbrado a ciertos cánones y convencionalismos. Los medios de comunicación masivos, pero sobre todo el cine nos ha acostumbrado a ver la destrucción masiva de ciudades , o la fiera campaña entre humanos y criaturas mitológicas. En este cine convencional la agresión y la matanza se vuelven aceptables y hasta deseables, nos convierte en sádicos de la imagen ficcional. La repulsión que provoca Cobrador, está asentada, en una ficción que refiere a una realidad demasiado próxima como para no identificarla.

Mientras son rastreados por las cámaras de seguridad ya sea de un banco o de un cajero electrónico y desde esta posición se intuye un personaje que no se ve pero se siente, que no tiene rostro.

El (del que solo sabemos que es fugitivo) y ella (periodista argentina que no sabe quienes son sus padres) se encuentran a través del lente de una cámara, la de ella, mientras son rastreados por las cámaras de seguridad ya sea de un banco o de un cajero electrónico, y desde esta posición intuimos un personaje que no se ve pero se siente, que no tiene rostro. Los protagonistas encarnan una relación que estará sustentada por la complicidad, la furia y el deseo de cuerpos que se valen de la libertad creada por ellos mismos para encontrar el instrumento de su equivalencia. La unidad, se convierte en causa mediante un acto de amor, y se hará manifiesta, cuando se encuentren con la sociedad entera.

Esto es cobrador. Una presentación del mundo, a través de mosaicos de ciudades, la hipocresía de un magnate obsesionado tanto con el tiempo como con atropellar personas, la explotación en una mina, y una pregunta ¿quien esta poniendo dinamita en la cabeza del mundo?

No obstante, no hay un solo discurso, una sola expresión ideologizada, porque Cobrador, antes bien, es poesía.

Candilejas

A propósito del ciclo Chaplin- Keaton que el Cineclub Manuel González Casanova (o lo que es lo mismo, el club de los tres nahuales que nos reunimos en la Cámara de los Secretos de nuestra amada Howarts) he decido volver a ver Candilejas. Mucho se podría decir sobre está cinta que tiene a los dos genios del cine mudo en acción, sin embargo, yo me referiré por ahora sólo a su argumento, que para su mayor comodidad, trataré de esbozar en una cuantas líneas. Candilejas es la historia de un cómico semi retirado (Calvero) y una joven deprimida (Teresa) que cruzan sus vidas el día en que ésta intenta suicidarse. La joven al recuperarse cuenta que es bailarina, mientras un desesperado Calvero actúa con otra identidad por miedo a ser reconocido y machacar su prestigioso nombre. Hasta aquí la reseña.

Cuántas lecturas podría haber de esta película. Por una parte, es la historia de dos sociedades que se enfrentan, y que tienen formas de entretenimiento distintas en donde el viejo humor ya tiene poco que ofrecer. Calvero que dedicaba su vida a ello, luego no podrá ni terminar sus actos sin que la gente se levante de sus asientos en señal de protesta.

"-- Estoy harto de hacer de payaso.
La vida no es una broma no le veo la gracia."

Chaplin es el hombre que fue un personaje, y su personaje, se volvió su portavoz. Esto ocurre en El Gran Dictador, aunque años después se arrepintiera de esta película, al saber de la existencia de los campos de concentración. Chaplin niega la risa ante un desencanto del mundo moderno. Tenemos entonces en Calvero un personaje que muestra la profundidad de la agonía detrás de la risa, y lo más importante: la pregunta por la risa. Al poner en crisis lo que es, podrá tomar las decisiones sobre su futuro, como hombre y como artista. Calvero, es un personaje que está en búsqueda de lo auténtico, pues de pronto el mundo de Teresa, rodeado de todo el glamour, y el éxito de una nueva estrella, le hace palidecer, y perder la ubicación de su propio talento. Un éxito por caridad le parece tan desastroso como el peor de los fracasos ante el público; por ello Calvero abandona a Teresa, cuando ella se mostraba más enamorada de él, y le había pedido que se casaran. Podría parecer caso un problema de moral de un viejo, que no puede querer una joven, pero en realidad se trata de la dignidad de un artista y la búsqueda de su propio proceso, aunque esto signifique volver a empezar desde las calles.

La unión entre Calvero y Teresa, no podrá producirse jamás, pues lo dos hábitos del viejo payaso (El alcohol y la comedia) le terminarán por matar. Pero el cine nos regala en una de las más bellas escenas, una fusión que se entiende más allá de lo que las historias de la vida "real" pudieran asimilar: un payaso muriendo tras bambalinas, y una bailarina en pleno acto, en un solo plano, que no obstante, sólo puede entenderse viéndolo. La historia no se resuelve con un discurso esta vez, sino mediante una metáfora visual.

Me gusta este final, porque ante una crisis en las relaciones humanas, no creo en otra forma de amor, que la de dos seres que comparten la ilusión en un proyecto.

La Zona (o Nosotros los ricos y Ustedes los pobres).

Ganadora del premio a mejor opera prima en el último Festival de cine de Venecia, así como también ganadora al premio impreso de crítica de Toronto en el 2007, La Zona aborda una problemática muy fresca en nuestro país y otra que siempre ha estado presente en el desarrollo de la identidad de las colectividades y que podemos ejemplificar con el muro fronterizo al norte de nuestro país o bien con las cercas que dividen el territorio “civilizado”, de las comunidades aborígenes (que tan ensalzadas son en las olimpiadas, Katy Freeman) en Australia. La una es la polarización social debido no sólo a factores económicos, sino que tiene que ver más con la segunda, es decir, con la identificación del individuo con una colectividad que persigue determinados fines y con ciertos medios.


La Zona nos presenta un nosotros frente a un ustedes. La negación del ustedes (ni te veo ni te oigo) es plenamente retratada por el hecho de aislamiento del mundo por parte de los colonos de dicha zona. La escuela, el super, no se, tal vez hasta el trabajo, está dentro de la Zona. No es necesaria una relación con aquello que no es nosotros. Lo idéntico, lo uno, está más que pleno en un lugar donde nosotros mismos nos brindamos nuestra seguridad.

El punto de distinción dentro de La Zona, entre el nosotros y el ustedes, es el nivel económico y su dependiente carácter ideológico. Los colonos se saben distintos de lo exterior. Ellos han construido una identidad en la cual el factor pobreza, esfuerzo físico (trabajo), no les es compatible. Más bien, la constitución de este nosotros descansa en la estabilidad económica, la armonía prediseñada, el buen gusto prefabricado. Sin embargo, en el filme, el punto de cohesión entre los colonos es la seguridad. Pero no una seguridad que el Estado provee, porque incluso el Estado no comparte los fines deseados porque por el lado de la seguridad, le ha fallado no pocas veces al nosotros frente al ustedes (los derechos humanos del violador o asesino, la corrupción, etc.).

El poder del Estado, encarnado en la policía, que es el árbitro mediador para el nosotros y el ustedes, es excluido también. De hecho, la policía y hasta los políticos (el delegado o bien el mentado diputado Cevallos) son parte del ustedes. Como se puede ver el conjunto residencial La Zona es acotamiento, delimitación de lo que es, excluyendo lo que no es ni debe ser dentro del nosotros.

Vemos que en las relaciones sociales inmediatas, o mejor dicho, en los encuentros, ésta manera de comunicación que nos meten en comerciales, discursos presidenciales, etcétera, es irreal: el diálogo sólo se da al interior de las comunidades y éstas no son las comunidades internacionales, ni las alianzas Estatales ni los países ni las identidades regionales. Las comunidades son quimeras cuando descansan en algo igual de quimérico como el status económico, o bien en un dote cuasi divino de virtudes misioneras (que en realidad son autocreadas)… ¿civilización? ¿cultura? ¿orden? ¿igualdad? ¿democracia? ¿buen gusto? ¿modales? ¿capacidad competitiva? El linchamiento del “asesino” dentro de La Zona, cataliza sólo por unos momentos el odio sostenido en el miedo y la incomprensión de lo otro-que-no-soy-yo. El terror por la aquello diferente se radicaliza y se concretiza incluso en el vecino. El diálogo pasa de herramienta concreta de comunicación a elemento abstracto indescifrable que complejiza las relaciones, incluso, de padre a hijo o de marido a mujer.

Desgraciadamente en la función delas 20 hrs, el director (Rodrigo Plá, uruguayo radicado en México desde hace 25 años) sólo presentó la película. No pudo quedarse, a diferencia de la función de las 18 hrs, al final para sostener un debate. Una de las preguntas que me hubiese gustado formular es la de la intención de la película. ¿La Zona pretende dar un mensaje? ¿Cuál? La historia de los personajes cae en los clichés (el individuo de clase baja que es inocente e incluso obligado a robar por presiones sociales o bien por inocencia y el rico que que tilda de naco al que no es de su condición) y en algunas partes es demasiado predecible. El arquetípico pleito entre nosotros los ricos y ustedes los pobres no desata una suerte de Aufheben sino que, muy someramente, se queda en una mera complicación de las relaciones sociales en donde, como se ha mencionado ya, el punto cohesionador de los unos es su seguridad (paranoia) mientras que el de los otros queda volando en la película al grado de que su justificación, es como mero elemento narrativo.

De cualquier manera, a pesar de lo que se pueda escribir sobre el tema que aborda la película, en pantalla vemos una actuación buena a secas de un actor ya consagrado como Daniel Jiménez Cacho, o bien una Maribel Verdú que, aunque con un papel pequeño, logra explotar su posición dentro de la historia. Otro punto que llama mi atención es que La Zona forma parte de una lista de películas que abordan el tema de las contradicciones de la sociedad y la violencia en que deriva de una manera un tanto más realista (Los ladrones viejos, Cobrador, El violín, Los educadores, Los lunes al sol). No alcanzo a percibir el resultado de èsto, pero dadas las circunstancias creo que sólo servirá para crear generaciones de público y ciudadanos cada vez más tolerantes a la violencia y la desigualdad social.

Monty Python y el Santo Grial

Divertida parodia del grupo de cómicos ingleses que se vale de la leyenda artúrica para dar rienda suelta a su humor y a sus recursos que son más bien absurdos.

Esta película que al igual que otras adaptaciones de corte más serio, recoge la leyenda del rey Arturo de forma general y muestra a muchos de los personajes y situaciones que aparecen en la novela artúrica. Si bien no trata de englobar a toda la tradición como otras producciones, lo que hace es unir arbitrariamente los elementos que juegan un papel fundamental en la leyenda y que representan, para este grupo de cómicos un recurso para poder realizar su absurda película llena de gags y de críticas de corte social e intelectual.

En este caso, como su nombre lo dice, se trata la búsqueda del Santo Grial por parte del Rey Arturo y de sus caballeros, algunos de ellos salidos de la mente de los Python y otros más, que son los protagonistas en muchas de las aventuras de la leyenda misma. Para este film, la búsqueda, ya de entrada aparece como una empresa absurda y falta de sentido (al igual que el resto del la película), en dónde los personajes van y vienen al igual que en la novela medieval: de forma irregular, de forma también un tanto arbitraria, y en donde también como punto coincidente con las leyendas medievales, el escenario en el que los protagonistas se mueven esta indiscriminadamente en movimiento, como se verá al final de la película con el castillo francés.

De humor más bien simplón (como mucho del humor inglés), esta es una obra que se puede ver y disfrutar a muchos niveles, aunque aparentemente sólo utilice el folklore británico y abuse de la situación inglesa de finales de los 70’s, el hecho de que haya momentos tan absurdos como los caballeros sin caballos, el conejo asesino, el Caballero Negro destazado y otros más, hará que el film sea fácilmente asimilable y se vuelva aunque sea un poco atemporal y general. Bueno, por algo ya es un film de culto, pero claro que eso no la hace una gran película.